“Vivir dos veces”, el drama de olvidar la vida

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La directora María Ripoll regresa al drama con la película Vivir dos veces, tras haber cosechado un gran éxito con las comedias Ahora o nunca (2015) y No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas (2016). Todo ello sin abandonar su habitual tono bienintencionado y con ingredientes de lo que se ha venido a denominar como “dramedia”. Es decir, un drama con tintes de comedia, como fiel reflejo de lo que suele ocurrir en la realidad.

Vivir dos veces es una peculiar road movie en la que tres generaciones de una misma familia, un abuelo, su hija y la nieta, emprenden un viaje disparatado entre Valencia y Navarra en busca de una mujer. Emilio, al que le empieza a fallar la memoria, quiere conservar el recuerdo de su amor de juventud, intentando averiguar el paradero de aquella chica que lo encandiló en un verano de adolescencia. Por el camino, la familia se enfrentará a grandes retos, especialmente aquellos que tienen que ver con los valores emocionales de una vida que parece agotarse (y olvidarse) por momentos.
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El actor argentino Oscar Martínez da vida a Emilio, dotando a su personaje de elementos enternecedores y de una gran credibilidad. Las mejores escenas son las que comparte con Mafalda Carbonell, su nieta en la ficción, y una absoluta revelación. La pequeña actriz, de 9 años de edad, fue diagnosticada al nacer de artrogriposis múltiple congénita por la que ha tenido que pasar por quirófano hasta casi una decena de veces. Este síndrome clínico le provoca deformidades bastante notorias en las extremidades del cuerpo. Todo un símbolo de superación que es aprovechado en este film con inusitada fuerza dramática como parte del relato. Junto a Oscar Martínez y Mafalda Carbonell aparecen Inma Cuesta y Nacho López, interpretando a un matrimonio con una severa crisis de por medio.
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Lo más asombroso del relato es comprobar como la fluidez de los actores y el excelente guion consiguen normalizar síndromes como el que padece la niña o enfermedades terribles como el alzheimer. En este último punto Vivir dos veces se confiere en una de las mejores películas que se han acercado a este mal.
María Ripoll, dentro de la aparente sencillez, dota al film de una excelente realización. La directora expone hallazgos visuales muy sugerentes, como aquel mural por el que el protagonista cruza todas las mañanas, los flashbacks de su juventud o el instante en el que nos asomamos a su pasado como profesor de matemáticas.
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Vivir dos veces nos hace reflexionar sobre la familia y, en especial, por la situación de las personas mayores. A este respecto, Ripoll añade: “El drama, aparte de en la gente que vive la enfermedad, también está en los cuidadores, y no solo afecta a la pérdida de memoria o a la demencia, sino a la gente mayor en general. Ya no tenemos tiempo para cuidar de nuestros mayores, ¿desde cuándo pasa esto? Antes vivían con nosotros y ahora están dejados por la sociedad, que les respeta muy poco”.

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