Leonora, la apasionante vida de una pintora surrealista

976140D3-5810-47E5-A5BA-3DCC05002C1FAna Karenina comenzaba con la célebre frase de “todas las familias felices son iguales, pero todas las familias infelices lo son a su manera“. En realidad, todas las personas son felices e infelices a su manera. Pero es cierto que son las personas distintas las que mejoran el mundo. Como también lo es que la diferencia es la norma. No hay ninguna persona igual a la otra. En las Familias Activas  lo sabemos, y por eso, queremos que los peques abracen sus particularidades, en vez de rechazarlas. Pero para ello, somos nosotras las primeras que tenemos que aprender a dejar de temer por ellos cuando detectamos esas características que, sabemos, van a tener un impacto en una sociedad tan cerrada como la escuela el instituto. Viajar por la biografía de personas como Leonora Carrington puede ayudarnos a apoyarlos y a dejar de sembrar el miedo.

Leonora Carrington, una mujer distinta que sobrevivió a todo, incluso a sí misma

Leonora, de Elena Poniatowska, es el relato de la vida de una pintora surrealista. Pero también la historia de una sobreviviente a una guerra, a la mala suerte, a la incomprensión y a su propia locura. Siendo ya casi una nonagenaria, vive serena en México. Allí, ha conseguido establecer su vida, con una paz que le costó conseguir. Y allí se ha convertido en toda una leyenda: su casa se ha convertido en el destino habitual de admiradores que buscan conocer al mito. El mito de la pintura y de una época donde se gestó el futuro. Que ya es el presente.

Leonora nació en la encorsetada Inglaterra de principios de siglo XX. Si alguien sufría la presión de esos corsés eran las mujeres, pero más aún las mujeres de las familias ricas, como la suya. Como decía Rose en Titanic,  tenían la sensación de que sabían todo lo que les iba a suceder en su vida, incluso antes de comenzar el camino. Leonora, sin embargo, se negó a aceptar esa circunstancia desde que era una niña. Encontró una aliada perfecta: la imaginación. Esta le va a ayudar a evadirse de esa aburrida rutina, pero también a plasmar su intuición y su fantasía, gracias a su talento con el dibujo. A pesar de los intentos de su madre por alejarle de ello, consiguió formarse y entrar en contacto con personas con sus mismas inquietudes.

Pero su vida estuvo marcada por dos circunstancias. La primera, un viaje a París, donde conoció al artista surrealista Max Ernst, con el que vivió una historia de amor apasionada y tóxica en lo sentimental y rica en lo profesional. Gracias a él, pudo entrar en contacto con los intelectuales más influyentes de época. Elena Poniatowska nos lo presenta de manera muy ágil, casi cinematográfica, de forma que podemos imaginar con claridad cómo fue ese ambiente de vanguardia. Al mismo tiempo, asistimos a cómo el desamor, la displicencia de un Ernst que estaba casado con otra mujer, las turbulencias políticas… la llevan a un estado de fragilidad tal, que pierde la cordura.

Justo en ese momento, se ve obligada a huir de la Segunda Guerra Mundial y de la invasión nazi, que ya era más que una amenaza, puesto que encerraron  a Ernst en un campo de concentración. Será al llegar a España, en medio de la Dictadura Franquista, cuando sufra uno de los episodios más crueles de su vida. Estando sola y aislada, la internan en un centro para enfermos mentales,con el beneplácito de sus padres. Según cuenta Elena Poniatowska y la propia Leonora en sus diarios, le suministraron Cardiazol, una medicación que potenció sus delirios. Esto implicaba un mayor encierro y una enorme coerción.

No obstante, gracias a antiguas amistades, al salir de allí, consiguió un pasaporte para poder viajar a México. Un país donde consiguió encontrar un amor más sereno, más sano, así como dedicarse a la pintura. Gracias a ello, hoy podemos disfrutar de su sorprendente obra.

Como os decía, el libro es muy ameno y deja claro cómo la diferencia puede originar la belleza más absoluta, siempre y cuando no se la costriña. Me ha ayudado a mirar a los peques de otro modo. Y a hablar conmigo también de otra manera. Cuando los miro, y me doy cuenta de que empeño en ver los subtítulos de las pelis de dibujos, a pesar de tener solo 8 años, en saber el significado de cada palabra o de cómo se aísla cuando algo le interesa… Intento paliar mi miedo y apoyarlo, para que sea su entusiasmo quien elija y no mi temor.

 

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