El regreso de Willow

La productora Lucasfilm Ltd. llegaba a mediados de la década de los 80 con la trilogía original de Star Wars terminada y con otros proyectos tangenciales que apenas tenían relevancia en la taquilla. Fue por entonces cuando George Lucas quiso desempolvar la vieja idea de adentrarse en el subgénero de Espada y Brujería sintiéndose influido por la obra de J.R.R. Tolkien. La chispa que generó el proyecto de Willow (Ron Howard, 1988), al igual que ocurrió con sagas como Star Wars e Indiana Jones, prendió a comienzos de los 70. George Lucas, fascinado por el citado autor inglés, había ideado una aventura protagonizada por unos personajes llamados los “Munchkins”. Dicho nombre fue directamente extraído del libro El maravilloso mago de Oz (1990) del escritor norteamericano L. Frank Baum. Finalmente, las sucesivas reescrituras produjeron cambios sustanciales en los nombres y situaciones, pero sin abandonar ese característico aroma heredado de la obra de Tolkien.

GEORGE LUCAS EMULANDO A J.R.R. TOLKIEN

Algunas fuentes confirman que George Lucas quiso hacerse con los derechos de las novelas de Tolkien, no llegando a ningún acuerdo concreto con sus descendientes. Esto causaría un impulso similar a lo que ocurrió con La guerra de las galaxias (1977). El primer capítulo de su imperio galáctico fue forjado ante la imposibilidad de realizar una adaptación de Flash Gordon, cuyos derechos pertenecían a Dino De Laurentiis. Ahora la historia se volvía a repetir, y en esta ocasión las semejanzas con la fuente original resultarían demasiado evidentes. Tanto en El Señor de los Anillos como en Willow la estructura se basa en la constante lucha entre el bien el mal, y en la llamada de un héroe anónimo a protagonizar la mayor de sus aventuras.

En la historia creada por el propio Lucas encontraríamos pasajes y personajes idénticos al mundo de la Tierra Media. En ambos relatos los dos protagonistas son individuos de baja estatura. Los Hobbits y los Nelwyns son dos razas que viven en una comunidad con costumbres similares. Los primeros habitan en huecos hechos en la tierra, mientras Willow y sus vecinos construyen chozas rudimentarias muy bien equipadas; y todos ellos son granjeros y agricultores en una sociedad ajena a los horrores del mundo de los hombres y los magos.

Willow, un simple aprendiz de hechicero, que no es capaz ni de entretener a su pueblo con trucos de feria, será impulsado a una nueva vida cuando Elora Danan, una bebé que aparece en una pequeña balsa abandonada a su suerte, le hará seguir los pasos de una profecía. A lo largo del viaje, Willow irá adquiriendo sus habilidades, enfrentándose al mal en una dura batalla por su propia supervivencia y la de sus congéneres.

REACCIONES ADVERSAS

La película, tal y como vaticinaron los grandes estudios al principio de su gestación, no dio pérdidas, pero tampoco los beneficios que se esperaban. En Lucasfilm llegaron a considerarla un fracaso en el mercado norteamericano; por el contrario, fue estupendamente recibida en países europeos como España, donde fue número 1 en taquilla en las Navidades de 1988.

En Estados Unidos la crítica estaba dividida. No sabían dónde enmarcarla. Algunos la veían demasiado terrorífica para los niños y otros demasiado infantil para los adultos. Tan solo una franja de edad preadolescente, entre los 10 y los 13 años, parecía responder positivamente.

WILLOW LLEGA A DISNEY +

Willow ha seguido los pasos de la franquicia de Star Wars, cuya expansión ha generado numerosos productos televisivos. La pasada semana se estrenó la serie de Disney + retomando la historia de la cinta original pero varias décadas más tarde. Esta acción responde a la estrategia de un estudio empeñado en sacar rédito de la sustanciosa compra de todas las marcas de Lucasfilm.

Mucho han cambiado las cosas desde el ya lejano 1988. La serie se acerca a las nuevas generaciones con un grupo de jóvenes actores, cuyos personajes todavía distan de convertirse en icónicos. Asimismo, los dos primeros episodios saben a poco. Quizás su gran problema reside en haber sido lanzada cuando todavía resuena el eco de Los anillos de poder de Amazon Prime. Las comparaciones entre ambas van a ser inevitables. A la serie le falta magia, algo que resulta paradójico dado que la historia está plagada de ella por todas partes. La película poseía una ambientación enrarecida única, donde el diseño artístico y la música de James Horner jugaban papeles esenciales. En su salto a la televisión nada de esto lo vamos a encontrar. Habrá que esperar con paciencia a las próximas entregas.

Aquí en este enlace podréis ver su tráiler.

 

 

Francisco Javier Millán

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