Una madre en la ciudad, un libro sobre la maternidad y la crianza

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Una madre en la ciudad (Lunwerg Editores) llegó a mis manos un día de esos en los que la vida, o mejor dicho, la crianza de mis hijas me superó. Viernes 20.00 horas de la tarde, semana turbulenta en el trabajo y actividad extraescolar con dos niñas de 7 y 3 años en la piscina con discusión incluida. Una jornada de esas en las que solo piensas en tirarte en el sofá y poner la mente en blanco, pero en la que todo se ralentiza aún más. Empecé a leerlo a las 22.00 horas de la noche, arropada con mi edredón y bajo la luz tenue de la lámpara de mesilla… Creo que si no llega a ser porque mi marido decidió acostarse a medianoche, me lo hubiese acabado, y es que este libro de Beatriz Millán e ilustrado por Vireta (Virginia Rodríguez) engancha desde la primera línea: “La maternidad me llegó en el 2010…”

Un libro escrito desde el corazón

Ser madre es un reto y una carrera de obstáculos, pero también una maravillosa aventura que muchas mujeres nos lanzamos a vivir casi sin red. Nadie nos cuenta qué pasa cuando decides dar ese paso o, si se hace, se suele contar solo la versión bonita y maquillada. Quizás por eso Una madre en la ciudad es un libro perfecto, porque es real y está escrito desde el corazón. Comienza con “Alguien debería avisarte”,  una serie de afirmaciones a cual más verdadera sobre lo que significa la palabra y el hecho de ser madre: “Alguien debería avisarte de que gracias a tus hijos vas a ser más feliz y te vas a convertir en un ser alucinante”, una frase que comparto y suscribo porque yo siempre he dicho, digo y diré que desde que me estrené con la maternidad soy mejor persona.

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Y tras este aperitivo que te toca la fibra más sensible, más de 15o páginas donde su autora comparte sus experiencias más íntimas sobre el proceso del embarazo (parto, lactancia, porteo…) hasta cuando los peques dejan de ser bebés, esa etapa que toda madre espera con ansia sin darse cuenta de que, como dice Beatriz Millán, terminas echando en falta porque entonces todo se solucionaba con brazos, mimos y besos o, en su caso, con la teta, pero en la que tienes que tomar decisiones que marcarán toda la educación de los niños: criar o no sin tele, establecer rutinas, combatir los estereotipos, dividirse entre el amor de tu marido y el de tus dos hijas o mediar entre las regañinas de ambas…

La sorpresa final de Una madre en la ciudad

El libro prosigue con situaciones diarias con las que todas madres se van a sentir identificadas, como es ese momento en el que dudas quedarte en casa o salir a comer fuera (a sabiendas de que algo pasará), o el día en el que te lías la manta a la cabeza y recorres media España para disfrutar de unas merecidas vacaciones, pensando que no importa el medio sino el fin. Pero quizás lo mejor para cualquier mujer-madre son las dos sorpresas finales que guarda Una madre en la ciudad: un epílogo en el que se habla de sentimientos tan comunes y tan dañinos para nosotras como la culpabilidad por querer, por ejemplo, tener un día para disfrute alejado de pañales, muñecos o puzzles, y un listado para leer solo en momentos de crisis como el que he comenzado a relatar.

Sin duda, una propuesta literaria recomendada para todo tipo de madres: las primerizas, las que repiten, las que pasan por una crisis, las que tienen bebés… porque todas ellas encontrarán uno o varios capítulos escritos para ellas.

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