“Cómo entrenar a tu dragón” live action

En 2010, y de manera inesperada, DreamWorks se consagró en el panorama del cine de animación con la película Cómo entrenar a tu dragón. La historia fusionaba las tradiciones vikingas con un universo mágico de dragones, inspirándose libremente en la serie de cuentos infantiles de la autora británica Cressida Cowell. El resultado fue una cinta sobresaliente, repleta de emoción y aventuras, fruto de la mezcla de diversos estilos —especialmente el anime y el cine de espada y brujería— que reconciliaba al público con un estudio que, hasta entonces, parecía haber perdido el rumbo.

Sus creadores, con Dean DeBlois al frente —codirector de Lilo & Stitch de Disney— no dejaron pasar la oportunidad de continuar, no con secuelas forzadas pensadas únicamente para recaudar más dinero, sino con dos continuaciones que no solo desarrollaban la historia, sino que la complementaban y la engrandecían aún más.

Quince años después, la compañía lanza la versión live action de aquella primera aventura, siguiendo la estela trazada por Disney en este subgénero durante las últimas dos décadas. Y, sentando un notable precedente, DreamWorks consigue anotar un tanto al adelantarse a su competidor, gracias a una producción magnífica, muy por encima de las propuestas faltas de alma de la casa del ratón Mickey.

Dean DeBlois vuelve a ponerse al frente de la dirección. El estudio deseaba que esta adaptación fuera prioritaria, y, al ser consultado, el director reconoció que la mejor manera de garantizar un buen resultado era asumir él mismo la responsabilidad. La decisión no pudo ser más acertada; sin embargo, el producto final resulta excesivamente fiel al original, hasta el punto de replicar escenas y planos. No hay riesgo aparente, aunque esta afirmación merece ser matizada por diversos motivos.

Es necesario señalar que este filme abrirá un debate en torno a si estas nuevas adaptaciones acabarán eclipsando a las obras originales. Parece casi un intento de negar a la animación esa capacidad única que tiene para narrar ciertas historias, solo para después enmendarlas mediante versiones en imagen real. Y más aún si consideramos que la película de 2010 ya ofrecía un nivel de realismo notable en fondos y personajes.

La versión de Cómo entrenar a tu dragón de 2025 no pretende distanciarse ni un ápice de su predecesora. No obstante, su traslación al formato realista es brillante, y no solo desde el punto de vista técnico. Desde el inicio, nos encontramos ante una de las mejores integraciones de imágenes generadas por ordenador vistas hasta la fecha. Los dragones y los escenarios lucen de forma asombrosa junto a los actores reales, muy por encima del nivel habitual. Un ejemplo de ello son las localizaciones: la producción ha cuidado al máximo el rodaje en impresionantes paisajes naturales de Islandia, las Islas Feroe e Irlanda del Norte. Esto aporta una majestuosidad visual que está a la altura del relato que se nos presenta.

En el apartado interpretativo, Gerard Butler retoma su papel como Estoico, el padre del protagonista. El actor escoces, que ya puso voz al líder vikingo en la trilogía animada, demuestra estar encantado de encarnarlo ahora en carne y hueso. Destaca también Nick Frost, quien dota al veterano entrenador de dragones de un carisma entrañable. Por su parte, el reparto juvenil es todo un acierto: Mason Thames y Nico Parker interpretan con gran sensibilidad a Hipo y Astrid, respectivamente. Hay autenticidad en sus miradas y en las emociones que transmiten. Lo mismo ocurre con su grupo de amigos, quienes tienen el potencial de sostener futuras continuaciones conforme sus personajes evolucionen.

Tampoco se puede pasar por alto el desafío técnico que supone recrear a un personaje tan icónico como Desdentao. Aunque el dragón pierde algo de la expresividad animada que combinaba influencias del anime y del cartoon clásico, su versión realista conserva intacta la carga emocional. Aquellos que conviven con mascotas reconocerán en sus gestos y miradas comportamientos familiares, lo que refuerza el vínculo afectivo con el espectador.

Y, por encima de todo, quien realmente brilla es John Powell. El compositor retoma la partitura original y la eleva a nuevas alturas. Su música, lejos de perder fuerza en la imagen real, se enriquece, culminando en un nuevo tema vocal espectacular que acompaña los créditos finales. Se trata de un regreso triunfal al sinfonismo y a una forma de componer para el cine que merece ser preservada. La banda sonora guía al espectador a lo largo del filme, ofreciendo un nuevo ejemplo del poder evocador de la música cinematográfica.

Solo queda por ver si en la secuela ya anunciada se continuará con el mismo enfoque de la trilogía animada. No sería mala idea que, una vez establecidos los personajes y el entorno, podamos adentrarnos en nuevas aventuras. Este universo cuenta con todos los ingredientes necesarios para forjar una gran trilogía de fantasía épica, a la altura de clásicos inolvidables como Dragonheart.

Aquí en este enlace podréis ver su tráiler.

Francisco Javier Millán

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