Viajar en familia: una semana en Islandia

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Islandia es uno de mis países fetiches. De hecho, cuando era pequeña y me preguntaban dónde te me gustaría vivir, siempre respondía: Islandia y Argentina. Os podéis imaginar la reacción de quienes me preguntaban. Dos países aparentemente tan distintos, ¿Cómo podía sentirme atraída por ambos? La respuesta es muy simple: por el cine. Las dos películas más importantes de mi adolescencia proceden de allí. Si de Argentina me atrapó el acento y el gusto por hablar de todo, sin importar el tiempo, lo que me gustó de Islandia es que el estilo de vida me pareció muy distinto al nuestro. Aún no sabía nada de lo que ocurre con el Sol allí, ¿queréis cumplir mi sueño conmigo, Familias Activas? Al menos, durante una semana.

Qué hacer en Islandia

Teniendo en cuenta la temperatura a la que estamos acostumbrados aquí, la mejor época para visitar Islandia es el verano. Para mí, que soy la única de la familia que no soporta el calor, la amplitud térmica es ideal, entre 12 y 25 grados, ¿no os parece increíble estar a estar a esa temperatura en en el mes de agosto, por ejemplo? Teniendo en cuenta que vivo en el sur, quizá en algún rico de mi inconsciente se quedó grabado ese dato y esta era la auténtica razón por la que quería mudarme allí.

Pasear por Reykjavik

Como os decía, yo soy del sur, de Granada. He crecido entre monumentos. Casi todos los edificios tienen historia. No ocurre lo  miso en Reykjavik, lo cual ya es una sorpresa para nosotros. Porque esto que sucede en Granada, se da en toda España y en gran parte de Europa. Quizá os preguntéis por qué para mí esta circunstancias es una razón por la que visitar Islandia. Es muy sencillo: su desnudez en cuanto a centros monumentales es el resultado de haber estado en el mundo de una manera distinta. No obstante, sí tiene una catedral e iglesias, pero su estilo arquitectónico es muy diferente al que solemos estar acostumbrados.

A los peques les encantará el parque Laugardur. Tiene varias piscinas de aguas geotermales y un zoo. En el zoo podréis ver animales originarios del país. Muchos de estos animales serán desconocidos para toda la familia, así que nos asombraremos juntos. Os aconsejo que no busquéis en internet, así el factor sorpresa será mayor.

Cataratas de Skopgafoss y Dettifoss

Antes he dicho que los centros monumentales son mucho menores en Islandia. No lo necesitan. Su naturaleza es arte. Un ejemplo de ello, son las cataratas Skoffagos. Allí, podéis alojaros en un camping o en pequeños hoteles y casitas. Depende de los aventureros que seáis. Lo que sí os sugiero es que paséis un día con su noche allí en cada lugar. La prisa nunca es buena para viajar y, mucho menos, cuando se trata de observar la naturaleza en toda su grandeza.
Afortunadamente, a pesar de su belleza, no es un lugar muy masificado, por lo que tendréis la tranquilidad precisa para valorar el paisaje.

Casas de turba, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco: Parque Nacional de Skaftafell

En verano, la temperatura es agradable, sí, pero en invierno… el frío es tal, que los islandeses se vieron obligados a diseñar su propio sistema de calefacción. Un sistema de climatización muy natural. Consiste en ¡llenar los tejados de hierba! Estas casas aún persisten, sobre todo en los alrededores del Parque Nacional Skaftafell. Por tanto, podéis alojaros en una casa de turba, mientras visitáis este enorme parque natural.

Para conocer el Parque Nacional de Skaftafell, tenéis varias opciones, varias rutas. La más sencilla y más adecuada para hacer es de dos horas aproximadamente. De nuevo, los protagonistas serán el color verde y el agua. Si os decidís por ella, seréis testigos de cómo el agua de las cascadas y glaciares  llega a su destino. Si os digo la verdad, nada me impresiona más que estos accidentes geográficos. Me da la sensación de que en otra vida, fui agua, porque cuando estoy en contacto con ella, me siento más poderosa, más alegre, más parte de este mundo. De hecho, me es inevitable mirar y cantar, con la misma entrega de quien reza.

Aurora Boreal a partir de septiembre

Quizá solo la posibilidad de ver la Aurora Boreal baste para viajar a Islandia, aunque tendrás que hacerlo en invierno. Tumbarse por la noche y ver cómo la oscuridad se convierte en un juego de colores sería suficiente. Y sí, lo es. Ser testigo de ese fenómeno es una lección de belleza y una muestra más de la maravilla que estamos matando, si seguimos empeñados en contaminar, y no cambiar nuestro estilo de vida por otro más sostenible.

No os he contado el último secreto. Me encanta la idea de viajar en familia a lugares donde la naturaleza sea la protagonista. En su día a día ya tienen demasiadas muestras de lo que el ser humano es capaz de hacer. La única manera de que valoren el Planeta como su verdadera casa, algo que a muchos mayores nos cuesta mucho, es que vivan en ella. Para amar algo y respetarlo, debes conocerlo.

 

 

 

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