Una bolsa de patatas fritas en la Polinesa, un libro para concienciar a los pequeños del cambio climático

una bolsa de patatas fritas en la polinesia

Los plásticos, al contenedor amarillo; los cartones, al azul; y el resto, al verde. Por suerte, esta regla está cada vez más presente en los hogares españoles y es que, como padres, tenemos la responsabilidad de enseñarles a nuestros hijos a cuidar el medio ambiente y mostrarles las consecuencias que, actos como tirar el envoltorio de un chicle en la calle, puede tener para su futuro en el mundo.

Hablar con ellos de este tema puede resultar en ocasiones aburrido, porque no tenemos las herramientas para hacérselo ver desde un punto lúdico y que les permita interiorizarlo casi sin darse cuenta. ¿Qué tal si les dejamos que lo descubran ellos mismos a través de la lectura de libros como Una bolsa de patatas fritas en la Polinesia (editorial SM), de Jordi Sierra i Fabra y con ilustraciones de Òscar Julve?

El origen de ‘Una bolsa de patatas fritas en la Polinesia’

Jordi Sierra i Fabra, autor del libro, conoció hace dos años la historia de Takuu, una isla coralina situada en Papua Nueva Guinea que no llega a los 600 habitantes, y quiso rendirle un homenaje de la mejor forma que él sabe: ayudándose con su pluma para dar vida a este título. Debido al cambio climático y al deshielo, este recóndito lugar del planeta está a punto de ser borrado del globo terráqueo (se eleva solo a un metro del nivel del mar). Sus habitantes no quieren irse de allí y tienen fe en que los espíritus de sus antepasados les ayudarán a superar esta situación.

Y para alertar de esta dramática circunstancia, Jordi Sierra i Fabra cuenta la vida de Shiya, una niña muy inquieta que pasa los días en la isla escuchando las leyendas que sus padres y sus abuelos narran. La encanta el mar y, casi a diario, acude a hacerle una visita, pero un día ocurre un imprevisto. Hay algo que la llama la atención: se encuentra una bolsa de plástico procedente de Vallirana, un pueblo de España. Shiya está contenta con el hallazgo, ¡algo que viene de fuera!, pero por alguna razón no es un motivo de alegría para los mayores…

Toda una lección para los niños

Tengo que decir que de primeras el título del libro nos llevó a confusión. A Elena (7 años) le hizo especialmente gracia porque las patatas fritas son su snack favorito; pero según fue pasando las páginas, se percantó de que una acción como tirar un envoltorio al suelo o al mar no tiene tanta chispa. Ahora, cada vez que vamos de paseo por las tardes al parque y se acaba su bolsa de patatas fritas, me mira y me dice: ¿A la papelera, verdad?

Yo estoy contenta porque gracias a Una bolsa de patatas fritas en la Polinesia hemos continuado reforzando la lectura, pero además porque hemos aprendido un mensaje que deberíamos tener grabado a fuego en la mente: Tenemos que mimar y cuidar la Tierra porque, como dice Shiya, “la Tierra puede vivir sin nosotros, pero nosotros no podemos vivir sin la Tierra”.

 

 

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