Un bosque en la pared, percusión y música contemporánea con Educaixa

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Se dice que escuchar música es una actividad pasiva. Las Familias Activas sabemos que no es cierto. La música siempre se nos queda dentro, forma parte de nosotros. Pero qué bonito sería si pudiéramos expresarnos también creando nuestros propios sonidos. Hoy lo tenemos más fácil que nunca. Hay muchas más escuelas de música, pero sobre todo una mayor conciencia de sus beneficios para todo el mundo. Por eso, las matrículas en las escuelas de música y en talleres se han multiplicado, lo que ha propiciado que las instituciones se decidan por ofrecer más actividades familiares y para niños en este ámbito. Hoy os vamos a presentar el proyecto Un bosque en la pared, de Educaixa, disponible en diferentes fechas a lo largo del 2018 y 2019 en Palma, Lleida, Zaragoza, Tarragona, Sevilla y Madrid.

Un bosque en la pared: un viaje por la percusión y la música contemporánea

La percusión es la base de casi cualquier pieza musical. Marca el ritmo. Es posible que gracias a la música electrónica y a los ya clásicos remixes, los menos versados en este arte se hayan dado cuenta de la importancia de la misma. No obstante, en general no somos muy conscientes de la fuerza expresiva de estos instrumentos. Yo recuerdo dos momentos esenciales en este sentido. Hace años, vi la Mariana Pineda de Sara Baras, no entendía nada, a pesar de no parar de llorar emocionada, hasta que en el momento del asesinato, comenzó a taconear y comprendí que aquel taconeo se correspondía con el sonido del corazón. Desde el frenesí absoluto del miedo hasta el silencio de la muerte. Una década después, el batería de unos de mis grupos favoritos, dedicó un solo a su hijo y, de nuevo, me emocioné.

Teniendo en cuenta esto, siempre aprovecho las actividades en familia que tienen que ver con la percusión. En este caso, además, incluye la experimentación. Se trata de un espectáculo donde cuatro intérpretes aparecen dentro de una habitación que esconderá un secreto, el secreto del sonido. Esta se transforma en un bosque lleno de sonoridades distintas, donde cualquier objeto puede convertirse en un instrumento musical, porque el ritmo, la emoción está adentro. Es decisión nuestra intentar expresar esas emociones con todo aquello que tenemos a mano.

En un momento donde todo pasa por la tecnología, donde cada día necesitamos más cosas para practicar una actividad, me parece genial que los chicos también aprendan a maximizar el valor de lo que ya tienen, ¿y qué mejor manera de “reciclar” todo en una clave, un triángulo o cualquier instrumento que pueda emitir ese sonido capaz de transmitir lo que de verdad sienten? Además, también aprenderán a combinar los diferentes timbres, los tonos para conseguir el objetivo que buscan que, ¿por qué no? simplemente puede ser para divertirse.

La verdad es que os recomiendo mucho actividades como esta, especialmente si vuestros peques o sobrinos son retraídos o les cuesta gestionar sus emociones. Personalidades como estas absorben como esponjas este tipo de espectáculo y les sirve como inspiración. Quieren repetir en casa lo que han visto sobre las tablas porque, además, tienen la ventaja de que no necesitan a nadie. Solo a ellos. De esta forma, esa práctica solitaria termina transformándose en un disfrute que les sirve para decir con sonidos lo que no saben con palabras y, lo que es mejor, a reconocer sus sentimiento, algo que incluso a los mayores más extrovertidos nos cuesta.

 

 

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