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El Tren de la Fresa

“De Madrid a Aranjuez en un tren histórico. Un viaje para compartir”. Ambas frases rezan en la entrada que nos dieron nada más acceder a El Tren de la Fresa (salida desde la estación de Príncipe Pío). En el andén esperábamos gente muy distinta y variada que buscábamos compartir una experiencia en el tercer ferrocarril que se construyó en España. Sí, digo bien, el tercero, ya que el primero, según nos descubrió el personal que en todo momento se puso a nuestra disposición, fue el que se construyó en Cuba para el transporte de armas; el segundo, la línea Barcelona-Mataró-Barcelona y, por último, la línea Madrid-Aranjuez-Madrid o, cómo se le empezó a conocer ya en los primeros momentos de su inauguración, el Tren de la Fresa.

Iniciamos nuestro camino hacia Aranjuez, y una vez que pasó el revisor y que las azafatas del tren nos regalaron unas deliciosas fresas, el vagón número 2 en el cual yo viajaba junto a mis hijas empezó a entrar en un túnel que bien podría ser un túnel del tiempo, porque al salir del mismo y salvo por las vestimentas que cada uno llevábamos, podríamos ser ciudadanos de un pasado que transitaba hace ya años en esos trenes.

El Tren de la Fresa

Cada uno de los pasajeros – turistas, parejas, grupos de amigos, familias enteras- llevaba una pegatina de un color diferente, y es que el Tren de la Fresa ofrece muchas posibilidades, no solo la de acercarnos hasta el Real Sitio y Villa de Aranjuez, sino la de enseñárnoslo de manera diferente. Se puede escoger entre hacer una visita libre, un tour por los Palacios, un recorrido por la Plaza de Toros y la bodegas o, también, conocer Aranjuez  a través de sus distintos medios de transporte como el Chiquitren o el Barco por el Tajo, algo de lo que ya gustaban hacer los Reyes y la nobleza en sus vacaciones de primavera en el Palacio de Aranjuez.

Aranjuez en un día

Nosotros nos decantamos por Los Palacios donde, entre otras cosas, vimos las Fáluas, los majestuosos carruajes en los que paseaban el rey y a la reina y su corte por el cauce del Tajo. Y es que estas barcazas que surcaban el Tajo son verdaderas obras de arte: toldos de seda, bancos forrados de ricas telas, detalles decorativos en sus cascos para diferenciar quién era su ocupante…

Terminada nuestra visita de unos quince minutos a este pequeño museo, nos dirigimos a través de El Jardín del Príncipe a ver sus fuentes. Deciros que Felipe II concibió el Jardín del Príncipe como un Jardín Botánico, haciendo traer y plantar en el mismo semillas y especies de otros países, así que entre las plantas que allí se encontraban pudimos ver dos pequeños bosques de bambú.

aranjuez

De las fuentes al lago, el de los chinescos. Un lago en el que, de manera simbólica, se encuentran representados los continentes de Asia, América y Europa con un símbolo que los define a cada uno. El árbol es América; un cenador de madera corresponde a Asia, y un templete con columnas jónicas, a Europa.

Nuestra visita estaba llegando a su fin, pero nos quedaba la última, el Palacio. Allí escuchamos y revivimos algunas de las anécdotas que allí se sucedieron y tras 45 minutos de historia que transcurre en el Palacio de Aranjuez a través de Austrias y Borbones, nos encaminábamos de nuevo a la estación, donde nos esperaba nuestro protagonista de este viaje, El Tren de la Fresa, dispuesto a devolvernos a nuestra casa después de un intenso día.

 

 

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