Los Caballeros de la Orden de Toledo: el cómic que humaniza a los intelectuales del 27

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Las Familias Activas solemos implicarnos en los quehaceres de cada uno de los miembros. La comunicación es importante para nosotros. Por eso,  cuando hacemos las tareas con los niños, nos sigue sorprendiendo la extraña manera de estudiar los temas más emocionantes. Debo reconocer que tuve la suerte de tener un profesor de literatura que me cambió la vida, precisamente porque nos enseñó la asignatura de verdad, nos ayudó a que viviéramos la poesía, la convirtió en una experiencia colectiva y compartida por todos los compañeros de clase. No veíamos a los poetas ni a los novelistas como seres aburridos y grises, sino como seres humanos excepcionales que de tanto amar la vida, tuvieron que escribirla. Lo mismo sucedía con otros intelectuales, incluyendo cineastas, pintores, escultores…

Los Caballeros de la Orden de Toledo: una generación de intelectuales que se come la vida

Muchos integrantes de la Generación del 27 coincidieron en la Residencia de Estudiantes en su juventud. Aquí, Lorca, Dalí y Buñuel comenzaron una estrecha amistad que duraría relativamente poco tiempo, pero que resultó esencial para su formación y su obra. A diferencia de lo que los adolescentes suelen creer, dicha amistad no se fraguó entre bibliotecas polvorientas y silencios, sino a través de la diversión, la música jazz, el experimentación y la cultura como una pasión que trascendía la teoría. Como muestra, tenemos esa Orden de Toledo, que no es más que una actualización genial de las órdenes de caballería medievales. Como tal, tenía unas normas, especificadas en el primer volúmen de la serie:

  • Vagar durante toda una noche pot Toledo, borracho y en completa soledad
  • No lavarse durante la estancia
  • Acudir a la ciudad una vez al año
  • Amar a Toledo por encima de todas las cosas
  • Velar el sepulcro del cardenal Tavera

Con estas premisas, cada ejemplar tiene como protagonista a un personaje, hasta ahora: Lorca, Dalí, Unamuno y Buñuel. Cada uno de ellos está pensado como una aventura, en la que se cuentan hechos históricos y documentados  enlazados con ficciones que aportan un enorme suspense y grandes dosis de humor a las historietas. Entre mis tramas preferidas está la narración de la extraña o relación de Dalí con el dinero y  la misión que se les encarga de colaborar con la Institución Libre de Enseñanza, para luchar por la modernización de España, a pesar los espías que confabulaban contra la misma. En el primer caso, Dalí, se ve a un niño tan mimado que no sabe usar el dinero, hasta el extremo de sentir pavor al entrar en una tienda. En el segundo, se introduce la intriga propia de las novelas de espías.

Todo ello está atravesado por tertulias que tienen que ver con el arte, la poesía y la ciencia, libres del clásico halo de empollones con el que los adolescentes suelen envolver a los intelectuales. Dicho halo impide que aprendan a disfrutar de la lectura o del cine, pero también dificultan que se vean a sí mismos como capaces de hacer lo que ellos hacían. Creen que no es algo que hace la gente normal, las personas que disfrutan de saliendo con sus amigos y con la música electrónica. Así, leer en familia, o por su cuenta, cómics como Los Caballeros de la Orden de Toledo, premiado como mejor Obra Nacional en Expocómic 2015, cumplen con una doble función: acercar el arte a los jóvenes y la de empoderarlos en su faceta más creativa.

Se trata, pues, de una joya literaria que puede provocar en ellos un cambio drástico en la visión que tienen de la actividad cultural. Una más humana, más divertida y, sobre todo, más accesible.

 

 

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