La magia y fantasía del circo se hacen realidad en Circlássica

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Los espectáculos de Productores de Sonrisas, habituales en Navidad en la oferta teatral de la metrópoli, son siempre garantía de éxito y calidad.

Si en los últimos años nos han sorprendido con propuestas como Circo de Hielo y Circo Mágico, este año lo hacen con Circlássica, un espectáculo que ya hemos visto en Familias Activas y que nos ha dejado boquiabiertos. Excelente guión, alta calidad  de los integrantes del mismo – payasos, acróbatas y malabaristas- cuidada puesta en escena y sorprendente vestuario.

Circlássica, un viaje al corazón del circo

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Emilio Aragón, director del montaje, ha querido rendir homenaje al circo, que este año está de celebración con el 250 aniversario de su nacimiento (en 1768, Philip Astley, un antiguo oficial de caballería del ejército de Su Majestad la Reina de Inglaterra asombró al público con números de acrobacias ecuestres y virtuosidades del cuerpo y la comicidad). Solo él, un hombre que ha crecido en este mundo, podía de manera tan emotiva dar vida a un montaje que explicará lo que es el circo.

Inspirándose en la vida de sus abuelos, Gabriel Aragón (1830-1915), más conocido como Pepino o El Gran Pepino, creador de la escuela de los payasos musicales. y Virginia Foureaux (1850-1930) acróbata ecuestre, Emilio Aragón cuenta la historia de Nim, un joven payaso al que le gusta pintar y que está enamorado de Margot, una bailarina. “Volver a una carpa significaba revivir demasiados recuerdos y eso me asustaba a la vez que me atraía. La vida es pura ambivalencia y contradicción, lo que más miedo nos da esconde nuestros deseos y, este es el reto, atravesar mi miedo para reencontrarme con mi deseo”, explica Aragón.

En Circlássica -hasta el 6 de enero en su carpa blanca instalada en IFEMA, Feria de Madrid -no hay ni trampa ni cartón. Aquí los efectos especiales destacan por su ausencia y lo que se muestra en la pista central es lo hay, ¡una gran verdad!

El público se emociona con la historia de Nim y Margot, y algunas más sensibleras como la que aquí firma esta crónica, lloran con la escena final (¡qué pena me da la gente que se va antes de que “bajen el telón”, ¡se pierden un gran momento!). Los espectadores también sufren cuando alguno de los grandes artistas de Circlássica no terminan su gran número con el final que ellos desean. Pero el cariño del respetable les hace crecerse y lo vuelven a intentar, con éxito esta vez, y con la mejor recompensa: un fuerte aplauso desde las butacas.

Emilio Aragón solo pide una cosa a todos los que visiten Circlássica en estas fechas. “Mi deseo es que Circlassica os guste, os emocione y, que cuando termine el espectáculo, sintáis que habéis podido, durante unas horas, reencontraros con vuestro niño y vuestra niña interior dejando que esa sensación os acompañe siempre…esa es la propuesta, ¡ahí es nada!”. ¡Deseo cumplido! ¡Señores, pasen y vean!

 

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