“El niño que pudo ser rey” reinventa el ciclo artúrico

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Sin ser perfecta, aunque tampoco necesita serlo para disfrutar de ella, El niño que pudo ser rey resulta ejemplar a la hora de reinventar la leyenda de Arturo y sus caballeros de la mesa redonda. Acercarse de nuevo al ciclo artúrico y hacerlo atractivo a una nueva generación de espectadores es la principal baza con la que juega Joe Cornish, guionista y director británico, entre cuyos trabajos destaca la fantástica Attack the Block (2011) y los guiones de Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio (2011) y Ant-Man (2015).
Cornish ya demostró en Attack the Block como el género fantástico puede adaptarse a otro tipo de entornos y situaciones. En ésta, un grupo de jóvenes de una barriada de Londres se tenían que enfrentar, literalmente, a una invasión extraterrestre. En El niño que pudo ser rey sigue una línea muy similar, dejando que el poder de Excalibur se presente en un viejo solar abandonado.
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La película, además, se nos presenta con numerosos detalles que enriquecen más si cabe el resultado final: desde su banda sonora con componentes electrónicos, con un fantástico tema principal, hasta una secuencia animada que hará las delicias de aquellos que devorábamos cuentos de aventuras fantásticas. Incluso el film está plagado de guiños deliciosos: el niño protagonista, por ejemplo, vive en Malory Road Street, en referencia directa a sir Thomas Malory autor de La muerte de Arturo (1485), obra que establece el perfil y relatos de personajes como Arturo, Ginebra, Merlín, Lancelot o Mordred, tal y como nos han llegado hasta nuestros días.
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Joe Cornish sabe maridar con gran eficacia el uso de los efectos digitales con una atmosfera cinematográfica que bien podría haber salido directamente de la década de los 80. Entre sus mejores atributos se encuentra el uso de estupendas localizaciones naturales de Gran Bretaña. En esta isla, siempre asociada a la bruma, el misterio y el mito, fue donde se gestó esta saga fantástica, una de las más influyentes de la literatura, el cine y la televisión. El director apela a los clásicos, mostrando al público joven de donde parte la inspiración directa de sagas como El Señor de los Anillos, Harry Potter, Star Wars y Juego de tronos. Una fuente original que ha dado lugar a grandes títulos del género de aventuras como Excalibur (1981) de John Boorman.
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Por su parte, el guion, también obra de Cornish, presenta un paralelismo escalofriante con la sociedad que le ha tocado vivir a los más jóvenes. Un mundo gris y sin rumbo que es incapaz de destacar los valores fundamentales de la amistad, el compañerismo y la lealtad. Una sociedad sin líderes y sin objetivos en la vida, que ha enterrado la imaginación para siempre.
El niño que pudo ser rey contiene aroma a cine juvenil de siempre, y es capaz, sin necesidad de formar parte de una trilogía o serie más amplia, de crear una mitología propia con todos los personajes clásicos del ciclo artúrico. De entre todos ellos, el joven Merlín, interpretado por Angus Imrie, destaca por su gracejo y simpatía a raudales. Las escenas donde aparece son espléndidas.
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En definitiva, un título que ningún aficionado al fantástico y al cine familiar debería perderse.
Aquí en este enlace os dejo su tráiler.

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