El Mago Pop, un espectáculo ¡alucinante!

el mago pop

Han sido varios amigos, familiares y compañeros de trabajo quienes me habían recomendado ir a ver la actuación de El Mago Pop en el Teatro Rialto de Madrid. Con expresiones como “Una pasada”, “Increíble”, “Me gustó mucho” o “Tienes que verlo”, pero resumiéndolo todo con un “Impresionante“, ¿cómo resistirse? Así que, antes de que acabase temporada y echase el cierre por vacaciones, reservé hueco en mi agenda para ser parte de los más de 1.000.000 de espectadores que ya han visto El Mago Pop.

Antes de flanquear la puerta e incluso de que nos picaran la entrada, nos dieron una pulsera, al más estilo espectáculo de un concierto o de un parque de multiaventura. Un objeto que es clave en el desarrollo de la función, porque te hace parte importante de la experiencia que vas a vivir desde la butaca del teatro. Y no voy a contaros más del montaje, o al menos nada más concreto del mismo, salvo mis emociones, porque hacerlo sería chafaros la sorpresa, la sensación de lo irreal y la ilusión de poder sentir que es cierto el título del espectáculo, Nada es imposible. Y es que esta frase repetida hasta la saciedad por Antonio Díaz, un niño que cree en lo imposible, la hace realidad el hombre, que se hace llamar Mago Pop.

Algo más que magia

Hay juegos de cartas, pañuelos, sombras, desapariciones, interacciones con el público, como en cualquier show de magia, pero en este además hay muchos “Oh” “Ah”, “¿Cómo lo ha hecho?” y muchas ovaciones, porque a continuación de la cara de incredulidad y asombro que uno pone ante el número que ha realizado El Mago Pop, lo único que te sale para mostrar lo que vives en ese instante es un aplauso cerrado a lo hecho, a lo realizado con tanta maestría y talento.

También hay música, baile, gags, confeti, luces… una propuesta escénica que nada tiene que envidiar a los espectáculos de Las Vegas de David Copperfield, otro gran mago. Y con todo los detalles bien cuidados,  Antonio Díaz va contando sus sueños, y El Mago Pop, los va haciendo realidad, y sin darte cuenta entras en su mundo a través de la maravillosa frase Nada es imposible.

Un aviso para niños, jóvenes y abuelos que vayan a ver este montaje: no os recomiendo que agachéis la cabeza cuando El Mago Pop pida voluntarios para sus juegos, si no que levantéis la mano, os apresuréis a que os vea, os saque del patio de butacas y os conduzca a su mundo. Y os lo dice una persona que mira para otro lado y cuya timidez la hace agacharse en la silla para evitar ese sentido del ridículo que se tiene al subir a un escenario; aunque en esta ocasión tuve envidia de aquellos, que fueron varios, que participaron, porque quise notar el hormigueo de la magia por mi cuerpo.

Una cosa más, cuando salimos del Teatro Rialto, detrás de nosotros iban dos adolescentes. No pude dejar de prestar atención a su conversación:

-Seguro que todo estaba ahí, en el escenario, pero ¿dónde? ¿cómo?

Y la otra contestó:

-Da igual, ¡ha sido alucinante!

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