Cómo evitar que mi hijo sea un acosador

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Con la vuelta al cole, aparece una preocupación en casa: el bullying. Se suceden las campañas en los medios de comunicación y en los centros educativos. En la mayoría de los casos, todas se centran en las víctimas, en qué hacer si los sufren o si son testigo de ello. Pero, Familias Activas, ¿no os inquieta el hecho de que un chico o una chica decida hacer la vida imposible a otra persona? ¿Nunca os habéis preguntado “y si mi hijo se convierte en uno de ellos”?

Qué hacer para que mi hijo no sea un acosador

A veces,  pensamos en los niños como personas del todo diferentes a los adultos, pero tienen un mundo interior complejo. Así, como sucede con nosotros, quien parece muy fuerte puede ser muy frágil y viceversa. Por ello, no importan lo que aparenten, hay una serie de factores que tenemos que trabajar siempre.

Refuerza su autoestima

Es lógico pensar que alguien que abusa de otra persona se siente superior al acosado. Sin embargo, no siempre es así. De hecho, los expertos advierten que los acosadores suelen tener la autoestima baja. Así, intentan reafirmarse de la única forma de la que se ven capaces: la violencia.

Las niños con este problema pueden reaccionar de dos maneras: esconderse e intentar pasar desapercibidos o atacar. Tened en cuenta que hay edades en las que ser parte de un grupo y destacar es lo más importante. Por tanto, si piensan que no pueden brillar por una cualidad positiva, lo intentarán por otra negativa,

Para reforzar su autoestima, lo mejor es reconocerle todo aquello que hace bien, educar en la idea de que los errores vías para aprender y, por supuesto, fomentar aquellos con lo que disfruta y se le da bien. Incluso si va mal en los estudios, es deseable que haga alguna actividad en la que se sienta satisfecho consigo mismo.

Trabajar su inteligencia emocional para que mi hijo no sea un acosador

Sí, está muy relacionada con la anterior. Pero piensa una cosa. Cuando encienden el televisor o se conectan a internet, ¿qué ven? En general, historias de triunfo. Estamos inmersos en un mundo donde la frustración o el miedo parecen no tener cabida. Por tanto, si ellos lo sienten: si temen hablar en clase, aceptar que no comprenden un ejercicio o no saben cómo acercarse a la persona que les gusta, automáticamente piensan que algo está mal en ellos.

Por ello, es fundamental que entiendan que las emociones como el miedo o la frustración son tan humanas como el amor o la alegría. Y tenemos que aprender a vivir con ellas. Para conseguirlo, lo mejor es aceptarlas y hablar de ellas. Por tanto, lo ideal es que hablemos de ello en casa con la misma naturalidad. “Me da miedo la presentación de mañana”, “hoy me he equivocado en el trabajo”, “he cometido un error en el partido de hoy”… Charlar sobre ello y sobre cómo lo afrontamos, le mostrará que estos sentimientos nos hacen más fuertes.

Somos iguales, somos diferentes

En mi primer año de facultad, conocí a un chico que hoy es uno de mis mejores amigos. Me contó entonces que la mayoría de sus compañeros de instituto estaban estudiando en la Universidad privada, pero sus padres no quisieron que él hiciera lo mismo. Su familia quería que conociera a personas de todas las clases sociales o con otras realidades distintas a las suyas.

Para mí aquella conversación fue toda una lección de vida y con el tiempo, me he dado cuenta del calado de esa afirmación. Cada familia tiene un estilo de vida y lo normal es que se relacione con gente que comparte ese mismo estilo. Así, los niños crecen pensando que solo hay una manera de hacer las cosas, por lo que cuando en el cole se encuentran algo distinto, algunos reaccionan mal. Como si esa diferencia les estuviera atacando.

En este sentido, es esencial que se desarrolle en un ambiente lo más diverso posible. Para ello, podemos usar las clases extraescolares, el cine, las lecturas. Y, por supuesto, nuestro ejemplo.

Con estas tres claves, los pequeños se verán más seguros de sí mismos, más empoderados. Se conocerán mejor y respetarán con mayor facilidad las emociones de los demás. No existe una receta para evitar que nuestro hijo sea un acosador, pero estas acciones son un muy buen punto de partida.

 

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