Comidas y cenas en familia en El perro y la Galleta Chamberí

el perro y la galleta

Quienes tenemos hijos sabemos lo complicado que puede resultar ir a un restaurante con niños preadolescentes y que no la comida rápida con regalo no sea el único gancho para convencerles para disfrutar de un almuerzo fuera de casa. En mi caso la dificultad añadida siempre ha sido tener una niña mayor, de ocho años, a la que no le gusta mucho eso de probar de todo. Más bien al contrario. Tardó mucho en dejar el puré cuando era un bebé y nunca ha querido meterse en la boca nada que no pasara su ‘exigente’ filtro particular, que para empezar incluye cualquier cosa que le ofrezcamos su padre o yo. Ella en un mundo en el que solo hubiera nuggets de pollo ya sería feliz. Y con las patatas con bechamel de su abuelo, por supuesto.

Nos pueden acusar de no haberlo intentado lo suficientemente, pero nada nos ha dado resultado. Con su hermana pequeña, de cuatro años, hemos tenido más suerte y sí que le apetece investigar con diferentes texturas y sabores. Tampoco abusamos mucho de las hamburgueserías más conocidas ni de los restaurantes con nombres de reminiscencias italianas que siempre hacen un apaño con la pasta con tomate y las pizzas. Solo cedemos en contadas ocasiones para no caer en la tentación de la comida basura.

En verano, puede resultar más fácil introducir nuevos sabores, gracias a las terrazas de verano y la variedad de tapas, como las patatas bravas, los calamares o las gambas a la plancha. Incluso en los chiringuitos de playa con los espetos puede ser una buena manera de disfrutar de una comida diferente.

Pero en una ciudad como Madrid es difícil encontrar sitios que puedan resultar divertidos para ir con niños y que, al mismo tiempo, ofrezcan una carta atractiva para que puedan elegir algo de su gusto. De ahí que la propuesta de El Perro y la Galleta sea una de las más interesantes para ir con chavales, sobre todo aquellos que tienen ya una edad para probar cosas nuevas pero que un restaurante ‘normal’ les puede resultar demasiado ‘aburrido’.

Para empezar, la decoración vintage con cabezitas de perro que han hecho hecho famosa a esta enseña de restauración ya es una buena carta de presentación, a la que acompaña un hilo musical de estilo confortable para charlar sin estridencias. En la carta se pueden encontrar desde risottos a croquetas, pasando por tartar de atún, nachos con bacalao o secreto ibérico con chips de yuca. En los postres, la tarta de la casa de chocolate con galleta de la abuela, contundente pero sencilla, o un clásico brownie.

Comida sencilla, sin pretensiones, que permite pasar una velada distinta con los niños, y que les permite descubrir nuevos lugares donde ir a almorzar o cenar sin que huela a ketchup. Una buena forma de que den el salto desde las hamburgueserías rápidas a sitios más calmados.

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