Arqueopinto, un viaje a la Prehistoria

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“Nos vamos a convertir en detectives”. Creo que esta frase pronunciada por Federico, el monitor en nuestro día en Arqueopinto, fue clave para que nuestra visita a este centro sobre la Prehistoria nos atrapase desde el primer momento. Más de tres horas de visita guidada y de talleres que pasaron volando y en la que niños y padres aprendimos y repasamos de una manera lúdica y divertida conceptos olvidados de la Prehistoria: dónde vivían nuestros antepasados, de qué se alimentaban o a qué se dedicaban… Y es que explicar cómo ha sido la evolución humana en un tiempo tan breve es complicado, pero en Arqueopinto saben cómo hacerlo: utilizando la gafas de la imaginación que nos trasladen en el tiempo millones de años atrás.

También averiguamos cómo eran los primeros instrumentos musicales hechos con huesos o con cuernos, los primeros juguetes realizados con piedras y, algo que les dejó perplejos por lo cotidiano que sigue siendo hoy en día y por lo “fácil” o “difícil” que puede resultar: Cómo se hace el fuego. Otra cosa que hace que los niños estén continuamente expectante es el hecho de que todo lo pueden tocar y sentir. El guía les enseñó y les dejó coger todo lo que allí se explicaba: cabezas de ciervo, dientes de mamut, cráneos de hombres primitivos, utensilios de caza y hasta se colaron en una cabaña para sentir en sus propias carnes cómo era la vida en apenas dos metros cuadrados de casa.

Palotrueque, una actividad muy solidario

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La visita está recomendada a partir de los 2 años (se puede llevar carro durante todo el recorrido exterior, en el que se hacen distintas paradas y los pequeños se pueden sentar en bancos o en el suelo y están resguardados de la lluvia o el calor), pero quizás yo te aconsejo que vayas con niños con uno o dos añitos más para que disfruten al máximo del entorno. Mi hija pequeña  (3 años recién cumplidos) alucinaba con las réplicas de los primitivos y también con los animales que se cruzaban en nuestro camino (el pavo real la impresionó), por no hablar de lo bien que se lo pasó con el taller de pintura rupestre. ¡Eso de coger la tinta con las manos y estamparla en un folio fue todo un descubrimiento para ella!

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Mientras que la mayor estaba emocionada con la idea de construir una flecha (en casa tenemos ahora que ver cómo hacer el arco, pero esa ya es otra historia) en la actividad solidaria Palotrueque, una iniciativa con la que este parque de la Prehistoria y la Arqueología colabora con la recogida de objetos, en nuestro caso fueron productos para la higiene del bebé (toallitas, champús, cremas, pañales), para posteriormente donarlo a entidades como la Cruz Roja. Los asistentes a este taller, en lugar de pagar con dinero, tienen que entregar lo que se les solicite y si se les olvida, no pasa nada, porque abonan la cantidad de 6 euros, que será dada íntegramente a Cruz Roja y participan sin problema.

Una experiencia única que desde Familias Activas recomendamos sin dudarlo. Busca sitio en tu agenda y reserva ya tu entrada para Arqueopinto (situado en el interior del parque Juan Carlos I en Pinto, Madrid).

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