Anastasia, un musical para soñar

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La vida de Anastasia, la hija de pequeña de los Romanov, ha estado cubierta de gran misterio y enigma desde su nacimiento – su padre no quiso verla en un primer momento porque deseaba a un descendiente varón- hasta su muerte – ¿murió o sobrevivió a los ataques de los bolqueviches la noche del 17 de julio de 1918?

A pesar de haber escuchado las diferentes teorías que han acompañado durante años a este personaje de la historia universal, tengo que decir que nunca había profundizado mucho en el detalle (ni siquiera y, a pesar de tener dos niñas pequeñas, he visto la película de animación de 1997) y quizás esa sea una de las razones por la que el musical Anastasia, que actualmente se representa en el Teatro Coliseum de Madrid, me impresionó tanto y ha pasado a formar parte de uno de los favoritos de mi particular ránking.

Anastasia, un cuento hechizante

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Esta producción, que cuenta con varias nominaciones a los premios Tony, a los Outer Critics y a los Drama Desk, llegó en septiembre a Madrid, tan solo un año después de haberse estrenado en Broadway, siendo la capital de España la primera ciudad europea en acoger este musical.

Los carteles que cuelgan a la entrada del Teatro Coliseum hablan de “un viaje al pasado”, pero yo diría que es “un cuento hechizante”. ¿Sabes la sensación de terminar de ver la función, caminar por la Gran Vía madrileña y observar las caras de las parejas que por allí se dejan ver para intentar descubrir en alguna de ellas a Anya-Anastasia y a Dimitry? ¡Esa esa la sensación que me llevé a casa! Un síntoma de que este musical me ha llegado hasta lo más profundo de mi corazón y que me he quedado con ganas de más Anastasia.

Y lo hizo desde el primer momento, con la escena en la que una niña y su abuela hacen un pacto secreto. Después, con la historia de una joven que, a lo largo de este cuento, escucha en sendas ocasiones la pregunta “¿Quién eres tú?”, algo que se ha quedado en mi cabeza y a la que personalmente estoy intentando aún dar respuesta; y, cómo no, con la relación de Anya o Anastasia  -cada espectador que saque sus propias conclusiones después de ver esta función- con el joven Dimitry, un ejemplo de que, hasta en los peores escenarios y circunstancias, el amor puede triunfar y sobreponerse. ¡Ays, qué sería del ser humano sin un poco de ‘love’!

Desde el punto de vista técnico, solo se pueden resaltar cada uno de los elementos de esta superprodución. Empiezo destacantado la calidad interpretativa de todo el elenco. Jana Gómez, actriz que da vida a Anya-Anastasia, brilla por sí sola, pero también lo hacen su compañeros de escena: emotiva la abuela emperatriz, a la que da vida Angels Jiménez; jovial y risueña la alocada pareja formada por Vlad (Javier Navares) y Lily (Silvia Luchetti); cautivador Íñigo Etayo en el papel de Dimitry; y entrañable y valiente el personaje de Carlos Salgado, Gleb, mi preferido por llevarse, quizás, la peor parte en este propuesta escénica.

Los cambios de escenarios hacen que puedas transportarte desde Rusia hasta Francia en apenas unos segundos e, incluso, que puedas ver un tren en marcha sobre las tablas de este emblemático escenario. Y de los vestuarios, ¡qué puedo decir yo que me he visionado cientos de veces la película de Sisi empeatriz solo por contemplar los trajes de época! Por último, no puedo dejar de mencionar a la orquesta en directo, que desde lo más bajo del teatro hace que esta obra se eleve hasta las alturas. Anastasia, ¡de madrid al cielo!

Curiosidades sobre Anastacia, el musical

¿Tienes curiosidad por saber qué secretos se esconden detrás de este montaje que se puede ver en el Teatro Coliseum de Madrid hasta junio? Desde Familias Activas, nos hemos metido entre bambalinas para desvelarte algunos sorprendentes detalles:

– Los actores ensayaron más de 400 horas antes de estrenar frente al público madrileño y llegado de toda España.

– Para la realización del vestuario, participaron más de 16 talleres de España, Reino Unido, Holanda y Alemania.

– 1o, 20, 30… ¡no! Más de 125 trajes completos salen a lo largo de toda la función. ¡Alucinante!

– ¿Sabías que las coronas de Zarina y de Anastaia están hechas a mano? ¡Menudo trabajazo!

– El ritmo de esta obra es vertiginoso, aunque desde el patio de butacas no se aprecie tanto. Un ejemplo: hay actores que tienen un total de 13 cambios cada uno y existe un cambio que hay que hacerse en 30 segundos. ¡Impresionante!

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